lunes, 8 de febrero de 2010

A modo de despedida.


Estimados amigos, creo que ha llegado el momento de dejar este blog. Esa es la razón por la que no he escrito últimamente. Una de las personas que entraba a leer era un viejo amigo del dharma, que ha tomado la decisión de dejar de hacer zazen en grupo. El era el que dirigía la ermita "La otra orilla", una persona para quien solo tengo elogios y buenas palabras. Un hombre sincero, honesto y humilde (cualidades nada comunes entre las personas que dirigen grupos de práctica).

Conocí a esta persona (aquí firma como Ananda) hace cosa de 25 años. Entonces era discípulo de un conocido maestro zen español, y se responsabilizó de un pequeño centro (dojo) en el barrio viejo de Valencia. Un día fui a hacer zazen allí, y me pareció asombros que alguien tuviese la dedicación que el tenía, yendo allí cada día a abrir el dojo, donde muchas veces él era el único que entraba a sentarse. Estuvo así varios años, y luego abrió un espacio de práctica en una propiedad en el campo, en la que construyó una acogedora ermita entre naranjos. Y ahí ha estado 14 años dirigiendo actividades, entre ella la practica del zazen.

Nunca se colocó a si mismo en la posición de maestro, cosa que le honra, pues es algo que muchísma gente no hubiese podido resistir, (ponerse como gurús de algo). Hoy encuentras personas haciendo de maestros de cualquier cosa, incluido el Zen. Personas que no tienen ni idea, porque no han dedicado ni un solo año de sus vidas a hacer seria y regularmente una practica de meditación, abren centros y se situan como líderes de extrañas comunidades de discípulos y seguidores.

Y esto, amigos, prueba algo, que el Zen en occidente (en España, mas concretametne) es como una planta exótica que dificilmente puede tirar para delante, porque la tierra de este país es dura, y la planta en cuestión es delicada, y necesita mimos y cuidados que al parecer no se le dan. De seguir así, el zen será en breve un metodo mas de relajacion en el supermercado de la nueva era. El Zen, que es una transmision al margen de toda doctrina, que apunta al centro de la mente (el alma), ahora es, en el mejor de los casos, un metodo para alcanzar estados de serenidad (cuando no una técnica para relajarse y "desconectar" del pensamiento).

He podido ver que Ananda es una persona honesta en grado sumo. Tran un tiempo en el que acudí a sentarme con él en su ermtia, me di cuenta de que su interés era genuino, y su mayor deseo era ayudar a los que practicaban con él. En este tiempo tuvimos oportunidad de intercambiar opiniones, pero no fue hasta recientemente, que conseguimos tener el tiempo necesario para hablar de corazón a corazón. Fue de hecho hace unos días, en mi casa, donde tras unos minutos de zazen, nos volvimos y mantuvimos una charla, sentados todo el rato sobre el cojín.

Me apenó recibir al día siguiente una llamada suya, diciéndome que cerraba la ermita para la práctica del Zen. Pienso que esa conversación ha tenido algo que ver con su decisión, peroesa decisión suya demuestra después de todo que es una persona auténtica. Puedo comprenderla y la respeto, pero confieso que me apena no tener ese espacion donde ir y sentarme en compañía de amigos del dharma.

Con todo, es algo que acepto de buen grado, ya que me lleva exactamente al lugar donde estoy. Yo no soy budista ya, soy cristiano catolico, reconciliado con Cristo entéramente. El camino en mi caso, me ha devuelto a mis raices, y aunque considero que el zen ha sido mi camino hasta ahora, en este momento mi camino es Cristo sólamente. El zazen es clave en mi práctica, pero definitivamente mi camino se aleja del budismo, por el que siento de todos modos el mayor de mis respetos, y todo mi cariño. Fue precisamente Tangen Harada Rsohi quien me lo hizo ver de un modo claro, en mi último viaje a Bukkokuji).

Por eso, amigos, dejo este blog, pues no refleja mi situación actual. Agradezco a los que me habeis leido vuestro interés, y creo que habeis sido muy amables al juzgarme. Os deseo lo mejor. A partir de ahora, escribiré únicamente en mi otro blog, El Evangelio a la Luz del Zen, donde creo que puedo hablar sin ataduras, ya que no es un blog dirigido para personas que practican el budismo zen. Es solo un blog donde plasmo mis viviencias dentro de este camino nuevo para mí, que es el camino hacia Cristo. Un camino que ando (eso sí) desde mi práctica diaria en el cojín.

A todos, muchas gracias por vuestra presencia, por vuestras opiniones o simplemente por leer. No digo adios, pues siempre que querais podreis encontrarme en ese otro blog.

Hasta siempre, recibid un saludo en Cristo.

lunes, 1 de febrero de 2010

El “masagin” de Tozan


Tozan estaba pesando lino, cuando un monje le preguntó: “¿Qué es Buda?”
“Masagin” dijo Tozan.
Comentario de Mumon:

El Zen de Tozan es como una almeja. Cuando las dos mitades se abren puedes ver sus vísceras. Sin embargo dime, ¿dónde ves tú a Tozan?

Verso:

¡Irrumpe Masagin!
Cerca están las palabras, pero aun mas cerca el corazón.
El que habla de bien y mal
Es un hombre de bien y mal


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Mi comentario:

“Sin iluminación auténtica no puedes encontrarte con tu buda interior”, dice Yamada Koun Roshi, en un comentario a este mismo koan. La iluminación es irrumpir en el mundo de los budas, y ser uno mas de la familia. Mirar con los ojos de Buda, oir con sus oidos, tocar con sus manos, saborear con su paladar, oler con su olfato. ¡Pensar con su cabeza!

Recuerdo, un día o dos después de pasar el Mu, un día iba andando por la calle y me asaltó un tremendo olor, como de plomo fundido. Venía de un taller mecánico, y fue como una bofetada. El olor impregnó mi mente por completo, tanto, que ya no entraba por la nariz, entraba por los ojos, por los oídos, por todos los poros de mi cuerpo. El Universo entero era ese olor. Las nubes del cielo olían a plomo fundido. Ahora veo que no era un olor muy agradable, pero entonces no hubo pensamientos de bueno o malo

El que habla de bien y mal
Es un hombre de bien y mal

No hablo de bien o mal, hablo de olor a plomo fundido. No habiendo atracción ni rechazo hacia nada, vivimos lo que nos toca, y viviendo lo que nos toca, somos budas. Buda no es un personaje histórico, es la realidad, nuestra realidad. Lo que somos en lo profundo, nuestro verdadero yo. Si llegamos a ese yo, sabemos quienes somos, y ese conocimiento nos libera del dolor. Podemos sacarnos un hombro del sitio, podemos gritar de dolor ¡Ayyyyyyy!, pero ese ¡Ay! nos libera del dolor, porque ese ¡Ay! es nuestra verdader realidad, nuestra esencia. Buda.

Pensais que hablo de teorías, pero os equivocais. Olvidé todas las teorías el día que oí sonar una campana en el zendo, y caí en la cuenta. Ese día dejé escapar toda mi sabiduría y me liberé de todos mis conceptos. El sonido de la campana llenó el universo entero. No me pregunteis como fue, ni lo se, ni deseo saberlo. Nadie puede saberlo. Es como el sabor de este café que me estoy tomando, ¿alguien sabe de donde sale? Si, seguro que hay quien dice que lo sabe, pero sus teorías sobre el modo en que nuestras papilas gustativas detectan las sustancias que componen el café son tan áridas como inexactas. Demasiadas palabras para no decir nada. El café es esto, mmmmmm….., ¡que rico! Eso es lo mas cercano a Buda que puedo estar. No deseo ir mas allá de eso.

Entiendo al maestro Tozan en este momento. Es como si calzara sus sandalias ahora, y estuviese pesando lino en una romana, (una de esas balanzas artesanales que había en los tiempos antiguos). O para el caso, en una balanza digital, pero esto se me hace mas extraño. Un buda puede pesar lino donde haga falta, por supuesto, pero donde haya algo artesanal, que se quite toda la técnica. Yo, que soy químico, trabajé en laboratorios donde aún se pesaba con una balanza de pesas, y recuerdo que aquello era un verdadero ejercicio de concentración, igual que todas las operaciones manuales que se hacían en aquellos laboratorios de antaño, donde el químico preparaba todos y cada uno de los utensilios con primor, pesaba, medía volúmenes, observaba con cuidado el resultado de las reacciones. Y así, todo resultaba un precioso ejercicio de atención. Y los colores asombrosos que aparecían en los matraces, no se le olvidaban. Aquello era química.

Pero aquí no hablamos de química, sino de lino. Tozan pesando lino. Ponte en su lugar: Con mucho cuidado, pesando lino en su balanza artesanal, concentrado en su tarea. No es un maestro de zen, es solo la balanza y el lino. Tozan no existe, ha desaparecido. Allí no hay nada mas que la balanza y el lino, y el pesar. Tozan pesa lino en la balanza. ¿O es el lino el que pesa a Tozan en la balanza? O tal vez es la balanza la que pesa el lino en Tozan…. Es demasiado complicado de saber. Sigamos.

De pronto entra un monje. Un monje aturdido de tanto zazen, de tanto buscar, de tanto averiguar. Es un buen monje, no hay duda. Un verdadero buscador, no un holgazan que se he metido en el monasterio para disfrutar de tres comidas al día, (en una época en que comer era todo un lujo). Ese monje no era la vergüenza de su profesión, intuyo, y le admiro por ello. Se acerca a donde está Tozan, ni siquiera le mira, y espeta:

“¿Qué es Buda?”

¡Cielos! Que papelón para Tozan, allí en medio de su pesada de lino, totalmente metido en su tarea, desaparecido en ella, como un niño que juega con sus cochecitos de colores. Si alguien fuese a un niño en pleno juego y le preguntase “¿Qué es Buda?”, me imagino al niño mirando al monje y diciendole “Mira mi coche, brrrummmmm… ¡”. Bien, la situación es muy distinta, porque Tozan no es un niño, es un maestro Zen, pero al mismo tiempo, es muy parecida, porque lo que Tozan hace en ese momento es estar como ese niño, fuera de todo tiempo y espacio, siendo uno con su balanza y el lino.

“Masagin” dijo Tozan.

Masagin significa tres libras de lino, entonces algunos estudiosos del zen sacan a relucir que fue eso lo que dijo Tozan. “Buda es tres libras de lino”. Piensan que lo que Tozan quiso decir, es “oh mira, estoy pesando tres libras de lino y precísamente Buda en este momento es tres libras de lino. ¿Porqué? Porque Buda es cualquier cosa. Podría ser aquel roble que ves en el jardín, también, y podría ser tus propios zapatos. Buda es la naturaleza de todo cuanto existe, ¿comprendes, monje? Por tanto blablabla….”

Pero no. Ese no es el Tozan que yo veo. Tozan no dice nada de eso. Tozan dice nada más “Masagin”. (¡Y nada menos!) Tal vez lo dijo con voz de trueno, como uno espera siempre que conteste un maestro Zen, pero pienso que pudo ser de un modo muy gentil y suave en esta ocasión, porque enfrascado en su tarea de pesar, uno no puede pegar un grito, sin perder la concetración en lo que hace. “Masagin”. Suavemente. Dulcemente. En un susurro. “massagginnn…”

¿Llegó el monje a la iluminación, aunque fuese pequeña? El caso no dice nada, pero si ha pasado a la historia es por algo. Yo creo que algo le debió pasar, si no a ese monje, a algún otro que estuviese presente. No hay que hacer nada especial para que otro caiga en la cuenta, solo hay que ser uno consigo mismo, con la verdad. ¿Qué verdad? “Masagin” No hay mas verdad. Pesando tres libras de lino en la balanza. “Masagin”. Eso es todo. No hay mas, no busques historias raras, no hace falta que saques una fiolosofía zen de este asunto tan trivial (y tan asombroso al mismo tiempo). Como tomar mi café, comer mis galletas, ponerme un gorro en la cabeza, porque el día es frío esta mañana. La vida es sencilla y maravillosa, no hay que desperdiciar ni un segundo amigos. No perdamos tiempo, pongámonos en marcha. ¿Para hacer qué? Bueno, eso depende de cada uno, yo tengo que hacer una sopa de arroz antes de irme a dar mis clases. Tú puedes escribir un tratado de filosofía Zen, si tal es tu deseo. Jua, jua, jua…

El verso:

¡Irrumpe Masagin!
Cerca están las palabras, pero aun mas cerca el corazón.
El que habla de bien y mal
Es un hombre de bien y mal


Mi verso:

Masagin se ha evaporado
Las palabras se han olvidado
No pierdas ni solo un instante
Pensando en lo que no ocupa espacio y tiempo.


En profundo gassho y agradecimiento a mis hermanos de dharma.