
Zuigan se decía a sí mismo todos los días: “Maestro.”
Entonces se respondía: “¿Si, señor?”
Tras lo cual añadía: “Debes ser sobrio.”
De nuevo contestaba: “Si, señor.”
“Y después de esto” continuaba, “no te dejes engañar por los demás.”
“Si, señor; si, señor” respondía.
Comentario de Mumon:
El viejo Zuigan se compra y vende a si mismo. Se saca muchas mascaras de dioses y de demonios y vuelve a ponérselas, jugando con ellas.
¿Para que?
Uno llama y el otro responde; uno muy despierto, el otro diciendo que nunca será engañado.
Si te apegas a cualquiera de ellos, fallaras.
Si imitas a Zuigan, jugaras al zorro (a los disfraces).
Verso:
Aferrándose a la engañosa vía de la conciencia,
Los estudiantes de la Vía no se dan cuenta de la verdad.
A la semilla del nacimiento y la muerte a través de los eones
El tonto llama el ser original.
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Mi comentario:
Zuigan hace esa aclamación el solo cada día, lo que no es una forma de autoconvencerse, sino de afirmarse en el conocimiento, que es distinto. El conocimiento no viene de fuera, sino de dentro. El conocimiento en el Zen es el kensho. Si no se ha tenido el kensho, entonces uno se mueve de aquí para allá como una hoja llevada por el viento. La mente es el viento. Un día me levanto con ganas de hacer zazen y hago zazen, pero luego me canso y me aburro, así que lo dejo. Es natural, pensamos. ¿Para qué hacer zazen si no se saca mas que dolor de piernas?
El cansancio y el dolor de piernas es parte del viento que sopla. Si no echamos el ancla, no hay forma de que el navío se quede el el sitio. Las corrientes son demasiado fuertes para esperar que un barquito se quede quieto en alta mar. Si el barco no se ancla, se mueve a la deriva. Esto no es de lo que se trata, sino de estar siempre en el mismo punto, y ese punto no es otra cosa que la propia naturaleza búdica, o sea, la realidad profunda e inmutable que nos inunda por dentro y por fuera, aún cuando estemos en medio del vendaval. Por eso hay que echar el ancla.
Si un día experimentamos kensho, es como si encendiésemos la pequeña llamita de una vela. Si queremos que esa llama se mantenga encendida (especialmente al principio) tenemos que ser muy cuidadosos de protegerla de las corrientes. Si el kensho es realmente intenso, quizás ya no sea necesario hacer nada más, pues la llama entonces es como una hoguera, pero eso ocurre en contadas ocasiones. E inclusos una buena llama, suele apagarse bajo el viento. Algunas personas niegan la necesidad del kensho, diciéndose cosas que oyeron decir a otros, como que zazen es igual a iluminación. Creo que sin kensho, zazen dificilmente será igual a iluminación.
Personalmente, creo que la experiencia de kensho puede venir de muchas formas, ni siquiera tiene porque venir de la práctica del zen. Pero cuando ocurre hay que tener mucho cuidado a partir de entonces. Es así, que Zuigen se dice cada día esas palabras. Su voz suena desde el hara, y ahuyenta los pensamientos y las dudas, igual que el rugido del león ahuyenta a las hienas. No se trata de fanatismo, sino de algo totalmente diferente. Si no se tiene kensho, creer es fanatismo, si se tiene, no hay necesidad de creer, sino de recordar desde adentro.
El viento sopla en direcciones muy diversas. Hoy el viento es terrible en la dirección de oir siempre el mensaje de que nada existe, puesto que todo viene de una simple casualidad y no hay necesidad de buscar la verdad, pues la verdad es solo una invención de mentes calenturientas. A lo sumo, el zazen es algo que puede proporcionar una cierta tranquilidad, una especie de terapia o ejercicio de autocontrol, como pueda serlo el yoga. Todo es fruto del cerebro, no hay necesidad de buscar la trascendencia, dice la ciencia positivista. Dificil es mantenerese ante estos vendavales si no se pone algo de nuestra parte.
La realidad esencial no exise ni no existe, pues la cosa va por otro lado. Cuando se tiene la experiencia directa de la realidad esencial (y me atrevo a decir que tal cosa es también Dios) la luz penetra hasta el último rincón de la conciencia. Pero la experiencia no permanece, y sobreviene un periodo de lucha, que en el zen se conoce como la doma del buey. Domar el buey es un trabajo largo y que tiene sus dificultades. Es necesario levantarse por la mañana dispuesto al trabajo. Los elementos venenosos vuelven a aparecer cada día, especialmente cuando estamos en medio de situaciones mundanas. Entonces hay que decirse como Zuigen: “no te dejes engañar por los demás” .
Con el tiempo, he ido dándome cuenta de que no dejándote engañar por los demás, les haces un favor a ellos también, que desean desde lo mas hondo de sus corazones salir del engaño. Si ven que tú no te dejas engañar, ellos dudan de sus propias convicciones engañosas. La ciencia no proviene de un engaño, pero está en cierto modo manejada desde el engaño, como la política y la vida moderna, en general. No dejarse engañar, no supone convertirse en un fundamentalista, sino en tomar conciencia de la realidad esencial en medio del ruido. Entonces, de pronto, surge una respiración honda que llega hasta el hara. Eso es no dejarse engañar.
Si alguien pasa por una experiencia de kensho, y va a otros a contársela, es como alguien que enciende una vela y va corriendo a enseñársela a otros. Pero entonces se corre el riesgo de que otro sople y la apague. Hasta que la vela no prenda fuego a la pira de leña y se forme una hoguera crepitante, es mejor no ir a contar nada a nadie. Y después tampoco, porque esa hoguera se ve por sí misma, y el resplandor evidencia la fuerza de la llama. No hay necesidad de decir a nadie, “mira, he encendido un fuego”. El fuego se ve en medio de la noche.
El poema termina con estos versos:
A la semilla del nacimiento y la muerte a través de los eones
El tonto llama el ser original.
¿Quién es el tonto? Espera a dar con él, y verás que la semilla del nacimiento y la muerte no está separada del arbol del Nirvana.
Comentario iluminado, Unsui, inspirador.
ResponderSuprimirDomando el buey me hayo, en mitad de todos los vientos, que no a su merced.
El autoconvencimiento...el engaño sutil... y en la otra orilla... la afirmación del convencimiento... y más allá de las dos...la no necesidad ni de afirmar ni negar... Experiencia oculta... y manifiesta también.
ResponderSuprimirEse viaje tan contrastado... no para de enseñar SU FAZ... tanto si en el tren subidos estamos...como si bajamos para pasear.
El destino es incierto...aunque ... tenemos SU PERFUME Y SU LUZ.
Y aún vamos con la mochila pesada... vaciarla cada dia.. para qué preocuparse de lo que no es...?
Ese viaje incierto... para conocer el ESPIRITU... no podemos dormir asi.
ÉL siempre esperando y Amando...pero aqui...es donde le deberíamos percibir.
Ese Kensho... Contemplación y silencio interno para mi... es fusión con LA PRESENCIA SABIA DE SU AMOR... en el Interno CORAZÓN.
Añoranza del Encuentro... siempre me lleva a volver... a ÉL.
Un nocturno Abrazo... azabache y luz en la sombra.
Me alegra de nuevo volver por acá, no puedo estar con la frecuencia de antes pero es agradable ver que el diario sigue creciendo, que la llama sigue alumbrando.
ResponderSuprimirDice San pablo no seáis como niños llevados por cualquier viento de doctrina, de acá para allá. Es necesario comprometerse con el camino, si no, el camino no se compromete contigo.
Naturalmente desde la flexibilidad, dado que al final el ancla está más allá de lo que podemos controlar y es ella la que nos sostiene a nosotros,aunque nosotros tengamos que hacer nuestra parte. Es el eterno dilema de la gracia y el esfuerzo y ambos son la respuesta.
Para la antropología cisterciense la libertad humana (nuestro núcleo más auténtico) es más que autonomía, consentimiento, es decir, apertura a la realidad que está más allá de aquello que puedo controlar. Consentir es salvarse dice san Bernardo, abrirse a esa realidad más allá del ego.
Un saludo.