El Maestro Nacional llamó tres veces a su discípulo y las tres veces el discípulo respondió. El Maestro Nacional dijo: “pensé que estaba solo de espaldas a ti, pero ahora veo que eres tú quien está solo de espaldas a mí”
Comentario de Mumon:
El Maestro Nacional llamo tres veces y su lengua cayo al piso.
El discípulo respondió tres veces y dio su respuesta con brillantez
El Maestro Nacional era un viejo solitario; agarro la cabeza de la vaca y la forzó a comer pasto.
El discípulo no deseaba comer, pues su estomago estaba satisfecho; la deliciosa comida tiene poca atracción para aquel que esta satisfecho. Dime, ¿hasta que punto estaba solo?
Cuando un país goza de bienestar, se tiene en alta estima a las personas de talento; los hijos de familia rica son demasiado orgullosos para contenstarse con comida corriente
Verso:
Estamos condenados a llevar un yugo de hierro sin agujero alguno
No es poca cosa, y la maldición pasa a nuestros descendientes
Si quieres cargar con la puerta y sostener la casa
Has de escalar una montaña de espadas con los pies descalzos
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El Maestro Nacional llamó tres veces al discípulo. El discípulo responde. ¿Dónde está el misterio? Siento decepcionarte, pero no hay misterio alguno. Nunca lo hubo. En el Zen (que yo sepa) no existe misterio ninguno, todo está a la vista, todo puede alcanzarse sin esfuerzo alguno. Si tienes hambre, ¿porqué no comes? Si tienes sed, ¿porqué no bebes? No necesitas ningún estado especial de mente, para hacer tal cosa. Sin embargo vienes y dices que no entiendes, como si se tratara de entender.
Pero no hay nada que entender. La luna brilla hoy en el cielo, con todo su esplendor. Si sales y la miras, por un instante sentirás su belleza sobrecogedora. ¿Necesitas a alguien que te diga al oído, porqué la luna es hermosa? Sin embargo te pasas el día y la noche buscando explicaciones para todo: para tu vida, para tu muerte, para tu existencia.
¿Qué sentido tiene esto? ¿Porqué estoy aquí? ¿De donde vengo? ¿A dónde voy cuando muero? …. Tus dudas no tienen fin. Parecen crecer por sí solas en tu cabeza y te impiden contemplar la belleza de la luna. No puedes dejar de pensar aunque quieras, y buscas la solución para tus innumerables problemas. Por eso has venido al Zen,y por eso has decidido sentarte en zazen. Pero por mas que te sientas, tu mente no se calma. A veces crees que sales mas tranquilo de lo que entras, y dices “Ah el zazen, que bien me sienta”. Pero otras, te vas peor de lo que llegas, y piensas “el zazen es aburrido e inútil”.
El Maestro llama: “¡Unsui!". El discípulo responde “¡Sí, Maestro!”. “¡Unsui!”, eso es todo. “Sí, Maestro!”, eso es todo. Y también cuando oyes la campana que te dice que el zazen ha terminado, eso es todo. Y cuando suena el despertador por la mañana, también eso es todo. Y cuando se oye el viento en los árboles, eso es todo. Y el ladrido del perro, ¡ahí está! Pero también está en la sensación de una mala digestión, o el cansancio, o el dolor de un brazo roto. Si quieres oírlo en un lenguaje poco Zen, te lo diré de esta otra manera: Dios se muestra a sí mismo en lo bueno y en lo malo, ¿porqué no le buscas ahí?
La historia de ese maestro que llama al discípulo, es un koan tan simple como difícil. Yo no tuve ninguna iluminación especial con él, pero eso no importa. Mi maestra no le daba ninguna importancia al hecho de tener la iluminación con los koans, ella solo quería ver la solución acertada. Puede parecer extraño, pero la iluminación no se manifiesta siempre como un gran evento. Puede pasar incluso desapercibida, decía ella. Uno puede ni enterarse de que ha tenido la iluminación, del mismo modo que alguien que vive en un clima húmedo y lluvioso, no nota apenas que le salpiquen la cara con agua. Para al que vive en un desierto seco y caluroso, en cambio, el agua en la cara no pasa desapercibida.
Volviendo al caso, el maestro no llama por llamar, lo hace para dar al discípulo un empujón a la iluminación. Cuando se está en el estado apropiado, un leve ruido, una campana que suena, un pájaro que canta, el sonido de tu nombre…cualquier cosa puede ser el detonante de la experiencia. Curiósamente, la iluminación del Zen, suele venir casi siempre con los sonidos. Una persona que estaba a mi lado, en un sesshin, se echó a reir cuando se oyó ladrar al perro del zendo. Su risa sonó en mis oídos, muy familiar, y al acabar le preguté, “¿Qué fue lo que te hizo tanta gracia?”, pero no respondió. Para ella, el ladrido fue el detonante, en cambio para mí, fue un sonido molesto. Así es la vida.
El discípulo responde simplemente, pero su respuesta es sufienciente para que el Maestro sepa. ¿Saber qué? Sabe que el discípulo sabe. No tiene necesidad de pedirle explicaciones detalladas de lo que le ha sucedido, ni que el discípulo haga una descripción por escrito de su experiencia. Eso no importa. Hay muchas descripciones de tales eventos, capítulos enteros dedicados a ellas, en ciertos libros, como “Los tres pilares del Zen”, de P. Kapleau y, aunque esas descripiciones suenan interesantes, no son mas que el sabor que deja el fruto. Cuando se escribe, el fruto ya se ha tragado y está en plena digestión. Lo malo de escribir o hablar sobre ello, es que tu mente se aferra a lo que ya no existe, y además tu ego se infla. Lo mas recomendable es callar, pero si un día decides escribir (como estoy haciendo yo) tendrás que aceptar el resultado, tanto lo bueno como lo malo. (Pero si escribes al cabo de muchos años, quizás ya no te preocupes mucho de ello, lo que se me antoja una buena señal).
Dice Mumon:
El Maestro Nacional era un viejo solitario; agarro la cabeza de la vaca y la forzó a comer pasto.
Un viejo solitario no es necesariamente alguien que se va a una cabaña en el bosque (algo que, por otro lado tiene un atractivo grande para muchos, yo entre ellos). Un viejo solitario aquí es mas bien alguien que vive desde la iluminación. (Eso es lo que mas se aproximaría quizás a un iluminado, pero nadie está nunca suficientemente iluminado, no te confundas). El Maestro intenta que el discípulo llegue al despertar, pero resulta que el discípulo ha llegado hace mucho ya. Por eso dice Mumon:
El discípulo no deseaba comer, pues su estomago estaba satisfecho
Pero ahora viene su pregunta:
¿Hasta qué punto estaba solo?
Quizás ahí esté el aspecto de koan de este episodio, más que en la descripción del suceso. ¿Puedes decir cuán solo estaba el discípulo? ¿Puedes mostrar lo solo que estás tú? La soledad es temible para muchos, pero es el resultado de la experiencia de kensho. Hay quien llega el primer día al maestro y dice, “no quiero iluminarme demasiado pronto, porque sé que cuando me ilumine no volveré a ser el que era, y no disfrutaré con lo que ahora disfruto”. Quieren disfrutar un poco de la vida, antes de hacerse unos tipos raros, que es lo que suponen que es un iluminado. Sin embargo, la iluminación saca a una persona de sus ideas extrañas, y le hace disfrutar mucho más con las cosas sencillas. Contemplar las estrellas no cuesta dinero, oír el sonido de los pájaros tampoco. La iluminación abre tus sentidos a un mundo de insospechada belleza, y no necesitas gastar mucho en ello.
Entonces, ¿hasta qué punto estás solo? No te lo imaginas. Nunca estarás solo después de eso. Nadie puede estar solo cuando eso ocurre. Los ermitaños de todas las culturas lo saben, por eso se retiran a vivir en la soledad de las montañas (o en la soledad de un apartamento en la ciudad, hoy en día, también hay ermitaños urbanos). Los ermitaños se siente acompañados con lo que son, no con lo que tienen. No necesitan nada para estar con el Universo. En la tradición del Zen ha habido ( y hay todavía) muchos ermitaños que viven en lugares solitarios, y su soledad, lejos de llevarles a la locura, les lleva a vivir con plenitud. Pero puedes vivir en el ajetreo de la ciudad también, sin por ello alejarte del sosiego. No hay dos personas iguales, ni hay dos experiencias iguales.
El verso:
Estamos condenados a llevar un yugo de hierro sin agujero alguno
No es poca cosa, y la maldición pasa a nuestros descendientes
Si quieres cargar con la puerta y sostener la casa
Has de escalar una montaña de espadas con los pies descalzos
Mi verso:
No hay ningún yugo de hierro para mí
Sino un tranquilo lugar en las montañas
Tal vez tu destino sea sostener la casa
El mío es mas bien dejarte que lo hagas
Al mirar la Luna o mirar una flor, siento algo que me conmueve, pero el percibir es aislado de todo.
ResponderSuprimirNo capto esa cualidad misteriosa que hace del momento presente ser tan especial.
Cuando miro la Luna no se que estoy viendo. Cuando miro el mundo no sé que estoy viendo. No se si es una sombra, un reflejo, un sueño o una manifestación infinita del yo soy...
Dicen que no hay observador ni observado
¿Si digo que estoy aquí contemplando la Luna, es un hecho o es una ilusión?
¿Si no hay misterio alguno por qué se dice que el mundo está en mi y yo lo percibo al revés?
Si realmente no hay misterio ¿puedo afirmar que no estoy durmiendo?
Si no hay misterio ¿para qué llama el maestro al discípulo,... no son uno? ¿quién llama a quién?
¿Por qué quiere el maestro sacar al discípulo de un estado para llevarlo a otro estado? Acaso no es el momento presente perfecto tal y como es ¿quién está insatisfecho?
¿Que es eso nuevo y pristino?
¿hay algo que no sea algo ni tampoco sea nada?
ResponderSuprimircreo que me estoy volviendo loco...
Eso no tiene pregunta posible. Quiero golpearlo y no puedo, quiero sacudirlo y no se por donde agarralo, quiero preguntar pero en realidad no tiene pregunta, quiero escupirlo pero no puedo quitármelo de dentro. Es un interrogante sin pregunta.
Tengo la impresión como un centro de algo que no se que es
¿quien soy yo? no tengo ni idea. Yo soy pero ¿quien soy?
¿quien escribe, quien escucha, quien anda, quien come, quien quien quien....?
Aquí estoy ¿que puedo hacer?
Solo me queda preguntar ¿quien soy yo?
Cuando le salga de los cojones al Universo dejaremos de jugar al escondite.
¿el Maestro sabe de mi pero yo no se de Él?
Dicen que Tú jamás humillas...pues deja de tocarme las pelotas y dime dónde termina el sueño. ¿por qué no das la cara?
¿que es esto?
Hola lagallinaa. Para empezar, debo darte la bienvenida. Percibo una cierta confusión en lo que escribes y en el modo como escribes. Haces muchas preguntas, pero la mas insistente es ¿Quien soy yo?. Es la pregunta básica del Zen, y es en sí mismo un método de práctica. Uno se pregunta constántemente eso, y llega a ser uno con la pregunta, desaparece en la pregunta. Es un método tn directo como el Mu, pero es dificil practicarlo por uno mismo. Mi maestro Bodhin Sensei daba ese método, y yo lo practiqué un tiempo, aunque finalmente decidí volver al Mu, con el que estaba mas habituado. Pero al finalizar un sesshin muy intenso en el RZC, reuerdo que un día tomé esa pregunta, lo que me llevó a profundizar hasta llegar a entrar en cierto estado de no tiempo. A veces me hago la pregunta, incluos ahora, y encuentro que es muy fuerte. No conozco la respuesta, aunque puedo mas o menos suponerla. Pero en le Zen las suposiciones no sirven, uno practica con la pregunta (o el koan) hasta que la solución viene por sí misma. Esa pregunta que tu planteas, lleva sin duda a la meta del kensho, pero sin la ayuda de un maestro auténtico, es casi imposible no desviarse. (Siempre está el maestro interior, si el exterior no aparece)
ResponderSuprimirPero esa pregunta no debe hacerse hacia afuera, sino hacia dentro. No hacia un Tú que jamás humilla y te "toca las pelotas". Ese Tú es una simple proyección, con casi toda seguiridad, y no puede darte una respueta. Si un Tú te da una respuesta desde afuera, no es mas que un makyo. La pregunta y la respuesta son no dos, uno debe hacerse uno con la pregunta, volver a ella una y otra vez. Y sobre todo, no perder la paciencia nunca, no enfadarse por no alcanzar la respuesta. Porque mientras hay alguien que busca, no hay respuesta que valga. Uno no saba nunca como ni cuando, por eso tiene que confiar.
Bien, espero haber podido serte de alguna utilidad. Un saludo. Cuídate mucho.
A veces la mente es un verdadero yugo, creo que entonces hay que dejarle al cuerpo libertad, dar un paseo por la naturaleza puede ser un buen modo de llevar ese yugo; al terminar la caminata a veces las nubes han pasado y lo que pàrecía una negra tormenta es un cielo en calma. Uno de lso grandes dones del zen es la revalorización del cuerpo, sólo cuando respondemos desde el cuerpo, desde el Hara, nuestra reflexión no nos fatiga y enferma.
ResponderSuprimirGassho Unsui
ResponderSuprimirGracias, muchas gracias por recibirme.
Como bien dices, es tremendamente difícil practicar el koan estando solo, con todas las cosas del mundo. En ocasiones siento la necesidad de explotar y la lengua me pierde. Gracias por escuchar
Gracias por recordarme que tenga paciencia. No me queda otra, aceptación, rendición...
Vivo con el koan y es muy pesado, es una carga muy pesada este interrogante, pero tengo fe, mucha fe. No es fácil mantener una mente enfocada en el interior del hara constantemente mientras te ocupas de las actividades diarias. Haga lo que haga procuro no perder esa conciencia de la sensación de vida que hay dentro, y el koan resuena una y otra vez en el hara y en el corazón. Pero a veces el aburrimiento me puede y busco escapatorias hacia lo externo, desahogándome por ejemplo, como ahora.
A veces un palmadita en la espalda o una patada en el culo no vienen mal para retomar el aliento. Gracias Unsui por este vaso de agua
Asi es Jose Antonio, hasta las nubes más negras pasan
Un abrazo
¿si no ahora, cuando?
No soy la mente
No soy el cuerpo
¿quien soy yo?
¿Quien?
:)
De acuerdo, Lagallina, de acuerdo, veo que te lo estás tomando en serio. El koan es un asunto serio, desde luego, y no puede tomarse de otra manera. Yo pasé por eso, lo se. Pero no debes en modo alguno obsesionarte, debes tomarlo con calma. Ve a ver a tu maestro (el que te dio el koan) ten dokusan con él ( o ella), muestrale como practicas, cuales son tus dificultades. No se puede aconsejar a nadie através de un blog, pero lo que si se puede es dar animos.
ResponderSuprimirEl paso es muy dificil, Lagallina, lo se por propia experiencia. Hay que dejarse ir, hacerse uno con la pregunta, olvidarse de uno mismo y volver a la pregunta una y otra vez, pero SIN FORZAR, sin forzar en absoluto. No luches con tus pensamientos, déjalos estar, y vuelve con suavidad al Quien (ese es tu koan, deduzco). Quien es un koan precioso, porque cada vez que surge un pensamiento, se pregunta sobre quien es el que ha tenido el pensamiento.
Pase una vez un koan así, era ¿quien es el que oye? con una maestra a quien aprecio enormemente. Nunca olvidaré el momento en que di la respuesta en el dokusan, cuando vi que a ella se le iluminaba el rostro y me decía "Si". Eso fue mucho despues del Mu, que fue mi primer koan. El primero es el que mas cuesta,y tambien el mas importante.
Vuelve siempre que quiereas, si este blog te ayuda a sentir compañía. Yo se lo que es sufrir. Animo.
Por cierto, Jose Antonio tiene seguro cosas que decir tambien sobre esto, el practic tambien con el koan.
Saludos a ambos.
Estimado Unsui, una pregunta: cuál es la diferencia entre Kensho, satori, e iluminación?.
ResponderSuprimirEspero tu respuesta desde tu experiencia personal que es lo que me interesa.
Saludos y te agradecería me respondieras.
Mónica.
Por supuesto que te respondo, Monica, Silenciosa mente. Te respondo desde mi experiencia, pues es lo único que tengo y que no me abandona. ¿Cual es la diferencia entre kensho, satori e iluminacion? Sinceramente, no lo se, ni creo que nadie lo sepa. No hay diferencia por el hecho de darle uno u otro nombre, pero ¿es lo mismo? Igual y diferente, a ese nivel no cuenta. Tambien yo me pregunto si la experiencia es la misma para todos o es diferente para cada uno. Si es igual para budistas y cristianos o es distinta. ¿Lo sabe alguien? Si no lo averiguo yo, ¿quien me lo podrá decir? Solo se sabe el sabor del fruto cuando se come. El nombre.... el nombre no importa.
ResponderSuprimirEn profundo gassho, querida hermana
De todos modos, satori y kensho son los terminos japoneses para referirse a la iluminación, que es lo que seguramente quieres saber
ResponderSuprimirQuería escribir un comentario a esta entrada pero, una vez escrita, parece ser que blogger tiene una limitación técnica de 4.096 caracteres (cosas de la ciencia). Por tanto he colgado dicho comentario en mi propio blog y, no se si violando todas las reglas de la ciber-etiqueta, dejo a continuación el enlace a la misma:
ResponderSuprimirhttp://huellaszen.blogspot.com/2010/02/cuelgo-aqui-la-entrada-mas-bien-una.html
Gracias Unsui, y es cierto, la experiencia es individual, pero de lo vivido por otros aprendemos, y obtenemos claridad, que es un elemento útil en el camino. No sabía que eran sinónimos de Iluminación en japonés. Mi idea era que satori era una experiencia momentanea de Unidad, pero donde la neurosis una vez terminada la experiencia se mantenía intacta, o casi intacta, con todas las perturbaciones mentales o kleshas incambiadas. Por eso era mi pregunta, leí en alguna entrada tuya experiencia de maestros, con poca ética,por ejemplo , o tantos casos que andan por ahí.
ResponderSuprimirPor eso mis dudas al respecto con los términos. Me encanta poder hacerte preguntas,ojalá no te incomode.
Un abrazo.
Mónica.
No me incomodas en lo mas minimo, Monica. En cuanto a Ricardo, veré de visitar su blog cuando tenga un momento. Es lastima que no haya salido su comentario, no suele haber problemas.
ResponderSuprimirComo "huellas-zen" dice en su blog yo también pensaba que para utilizar koan hay que tener cierta habilidad personal y además contar con un maestro para poder establecer el mondo, y saber si estás por buen camino, pero después me dije está bueno hacer zazen y tener un koan en mente pra focalizarla en él, sin expectativa ninguna ya se verá que surge de la meditación.
ResponderSuprimirMónica.
Gracias Unsui
ResponderSuprimirGracias a todos vosotros, mis maestros y amigos
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