
Unmon preguntó: “El mundo es vasto e inmenso como esto. ¿Porqué nos ponemos el hábito de siete tiras cuando oímos el sonido de la campana?
Comentario de Mumon:
En el estudio del Zen, no debemos vernos dominados por los sonidos y las formas.
Incluso si logras comprensión oyendo una voz o viendo una forma, estas son simplemente las condiciones ordinarias de las cosas.
¿Acaso no sabes que el verdadero estudiante de Zen comanda los sonidos, controla las formas, es perspicaz en cualquier suceso y en cualquier ocasión?
Ahora solo dime: ¿es el sonido el que viene al oído o el oído es el que va al sonido?
Si sonido y silencio se desvanecen, ¿cómo podrías llamar a este estado?
Mientras escuches con tus oídos, no podrás responder. Si escuchas con tus ojos, eres realmente íntimo.
Verso:
Con la realización, las cosas son una sola familia;
Sin realización, las cosas están separadas en miles de partes.
Sin realización, las cosas son una sola familia;
Con la realización, las cosas están separadas en miles de partes.
……………………….
Mi comentario:
Los monjes en los monasterios se visten con el hábito de siete tiras para acudir a recitar los sutras. Dentro de su humildad, se les ve magníficos, vestidos con sus largos hábitos, durante las ceremonias. En un monasterio Zen, todo está medido por el toque de la campana o de otros instrumentos. Aparte de eso, no se oye otro sonido, como no sea el canto de las aves, el viento en las ramas de los árboles o la lluvia sobre los tejados. Los monjes no hablan innecesariamente, salvo en los escasos momentos de relax que se dan a lo largo de la jornada.
En un monasterio, la vida se enfoca hacia la práctica. La práctica lo es todo, no solo las sentadas de zazen o las recitaciones de sutras. Igualmente se practica durante el samu (trabajo manual) o durante las comidas. Toda la práctica está destinada a una sola cosa: la iluminación. La iluminación es la experiencia que, sin buscarse, se alcanza fortuítamene un día. Nadie sabe cómo ni porqué, la iluminación o satori, un día sucede. Sucede independientemente de que se sea monje o láico, se sea budista o no, se sea hombre o mujer. Unas veces parece el fruto de un gran esfuerzo, otras es como el regalo inmerecido del cielo.
Entonces, al ser consciente de esa verdad profunda e inalterable, se experimenta una gran libertad. De ahí las palabras de Unmon: : “El mundo es vasto e inmenso como esto. ¿Porqué nos ponemos el hábito de siete tiras cuando oímos el sonido de la campana?”. En otras palabras, ahora que me doy cuenta de que soy entéramente libre, ¿porqué debo seguir las normas que seguía antes, poniéndome el hábito de monje y siguiendo con la rutina del monasterio? Soy libre. Soy un buda, y un buda no está sometido a reglas, puedo ir y venir como me plazca, no hay preceptos que seguir, mi naturleza está por encima de todo eso.
La verdad es que la experiencia de la iluminación (el kensho o satori) puede producir sensaciones de ese tipo. Verse la naturaleza propia (naturaleza de buda) puede tener consecuencias imprevisibles, en el sentido de que alguien tal vez decida repentínamene dejar de hacer aquello que hacía normalmente, entiéndase esto como dejar de seguir las normas del monasterio o dejar de seguir las normas de la vida cotidiana. Para Unmon, la idea de ponerse el hábito e ir a recitar sutras se le hace extraña: “¿No estoy iluminado? No hay necesidad de recitar mas sutras ni de hacer más zazen”.
Pero Unmon no decide dejar de seguir la disciplina del monasterio. Lo que hace es preguntarse ¿Porqué hacerlo? Y esto no debe entenderse como un rechazo, sino como una pregutna que le lleva a profundizar en la iluminación. No se trata de no haerlo, sino de hacerlo, pero desde la iluminación. Y eso es el koan, ¿Porqué lo hago? En el caso de Unmon, “ ¿Porqué me pongo el hábito de siete tiras?”, significa ponerse el hábito de siete tiras con esa pregunta llenando su mente. En tu caso, la pregunta será tal vez esta otra; ¿Porqué me levanto de la cama cuando suena el despertador?
Cuando estaba pasando este koan, hacía ya un tiempo que la experiencia de kensho había sucedido en mí. Al pasar aquella experiencia, recuerdo que hubo sentimientos muy distintos, por un lado uno de increíble libertad, y por otro uno de gran confusión. “Ahora que soy un buda, ¿qué voy a hacer?” recuerdo que me preguntaba esa noche sin poder dormir. ¿Debería dejarlo todo, trabajo, familia, amigos, y salir a predicar el dharma, como hizo Sakyamuni? ¿Debería irme como un profeta bíblico a proclamar la verdad?
No sabiendo qué hacer, recuerdo que tomé el libro que tenía en la mesita de noche (uno de Karl Durckheim, titulado “El maestro interior”) y lo abrí al azar. No recuerdo ahora el párrafo exacto que leí, (ni creo que pudiera encontrarlo ahora si tuviese el libro conmigo), pero venía a decir que una vez que se había tenido la experiencia de encuentro con el maestro interior (sin duda lo que acababa de sucederme) uno no podía dejar de ser fiel a ella en ningún momento. En aquel momento comprendí que ser fiel a esa experiencia era ser fiel a mi vida, seguir haciendo lo mismo. Y así, al día siguiente me levanté y me fui a mi instituto a dar clase, que es lo que tocaba hacer, pero la clase no fue una clase cualquiera, sino que fue una clase inolvidable para mí y, posiblemente, para algunos de mis alumnos.
Este koan conduce a comprender la verdadera libertad, y por eso es importantísimo. Cuando los políticos hablan de libertad, uno sabe en su fuero interno que lo que llaman libertad no es verdaderamente tal cosa. Nadie duda de que esas libertades, son correctas y deseables, pero la libertad de la iluminación es algo que va mucho más allá de todo eso. No es un concepto, es otra cosa. Esa libertad la sentiremos igual el día que estemos frente a la muerte, y eso tiene un valor que no puede pagarse con nada material. No se trata de un sentimiento pasajero, sino de está presente en todo momento, tanto cuando las cosas van bien, como cuando van mal.
Pasar este koan fue para mí otra iluminación tranquila. La respuesta apareció en el mismo momento en que entré en la sala de dokusan. Sabía cuál era desde mucho antes, pero no sabía cómo presentarla, y presentar la solución de un koan es realmente lo único que importa cuando estás en dokusan. Pero presentar este koan era realmente algo obvio en sí mismo. No se trataba de hacer nada más que lo que tocaba hacer en aquel momento, y por esa razón, desde entonces a menudo me veo en la vida diaria presentando la solución a este hermoso koan. (No poniéndome el hábito de siete tiras, desde luego, pues no soy monje budista).
Mumon dice en su comentario:
Si sonido y silencio se desvanecen, ¿cómo podrías llamar a este estado?
Es curioso que los maestros siempre hagan preguntas extrañas, ¿verdad? En el Zen la pregunta es mucho más importante que la respuesta. De hecho, la pregunta lo es todo. Si uno busca encontrar una respuesta lógica, no hallaría nada. Pero algunos, a veces, se lanzan en la dirección de elaborar complicadísimas teorías sobre este tipo de cuestiones, creando así filosofías sin sentido. (La filosofía “zen” es una de las modas intelectuales, más en boga en estos tiempos). Hay escuelas de Zen que rechazan el satori, y dicen que tal cosa es inexistente. Zazen no está separado de iluminación dicen, pero eso lejos de ser una idea, es una realidad, y yo les diría, ¿cómo podrías presentar esa realidad? La pregunta no es muy distinta a la que hace Mumon: ¿cómo podrías llamar a este estado? Seria cuestión.
La iluminación entonces, ¿existe o no existe? La iluminación existe tanto en cuanto sucede, después ya no es iluminación, es recuerdo. Aferrarse a ese recuerdo es un error. Quienes se aferran a él, y se consideran a sí mismos iluminados, son los peores enemigos del dharma, personas incapacitadas para guiar a otros. Lo primero que se ve en tales “iluminados” es una ausencia de ética, aludiendo precisamente al hecho de la supuesta libertad que han adquirido con su experiencia de iluminación. Existen casos notorios, en los que ciertos maestros se sabe que han cometido excesos de todo tipo, con la bebida por ejemplo. Personalmente, considero que una de las primeras cosas que hay que comprobar en un maestro es si sigue unos principios éticos claros, (aunque sean solo los cinco preceptos básicos del budismo).
El verso de Mumon:
Con la realización, las cosas son una sola familia;
Sin realización, las cosas están separadas en miles de partes.
Sin realización, las cosas son una sola familia;
Con la realización, las cosas están separadas en miles de partes.
Mi verso:
Con realización, la verdad es absoluta
Sin realización, la verdad es relativa
Sin realización la verdad es absoluta
Con realización la verdad es relativa.
Hola Unsui, hermoso post, gracias! Lo voy a imprimir ^_^
ResponderSuprimirQuería enviarle una pregunta a su correo pero nunca encontré el contacto... aprovechando que usted conoce tanto, le cuento que un gran amigo y yo queremos saber más sobre el gran vehículo y el pequeño vehículo.. cualquier cosa que sepa y quiera compartir, se lo agradecería mucho
Es por pura curiosidad, cero intrigas :)
Bien... La Realidad Absoluta convive con
ResponderSuprimirla realidad Relativa... La Verdad es las dos! Esa Unión es Manifestación y No-Manifestación.
La Verdad está más allá de las dos!
La Verdad es UNA!
La Verdad es múltiple en su manifestación!
Unidad y multiplicidad... antes , ahora y después... visibilidad e invisibilidad...
Y Espacio... espacio. Allí...está.
Feliz noche...entre las sábanas del misterio irracional.
¿Quien soy yo?
ResponderSuprimirRecepcionista, sobre tu pregunta, te diré algo muy simple: el pequeño vehiculo es el se sigue cuando se busca la iluminación. El gran vehiculo es el que se sigue cuando se renuncia a la iluminacion.
ResponderSuprimirPero si quieres mas información, solo tienes que preguntarle a Google, ahi hallarás seguramente, mucho mas de lo que necesitas;)
Un saludo
"Por sus hechos les conoceréis", Unsui, por sus hechos, por el grado de dominio sobre sí mismos (esto es pasiones, deseos, aversiones, gustos-disgustos, etc.) y por el grado de entrega, compromiso y autosacrificio en favor de otros.
ResponderSuprimirNo debe uno engañarse con estas cosas, hoy en día hay tanto "iluminado" dando cursos carísimos que espanta; tal vez tengan dominio sobre ciertas áreas, no lo pongo en duda, pero la maestría es otra cosa, está ligada a la bondad, al compromiso personal, a la desidentificación absoluta del ego; nada que ver con el tandem fama-poder-sexo-dinero, ya sabes.
Me resulta difícil esto del koan, nos tienes que dar más pistas, yo soy más de Sócrates y Platón ¿Pero acaso el hombre no es el mismo en todas partes¿¿Un corazón, una cabeza y dos manos?
Me encanta el sonido de las campanas, huele a pureza y oración.
Hola Unsui, gracias. Se utilizar google pero usted debe tener sospechas de porqué mi investigación ha sido fallida
ResponderSuprimirUn saludo,
c.
"No existe yo ni campana, tan sólo el tañido"
Una modesta aportación:
ResponderSuprimirCon realización, tiene todo, no tiene nada.
Sin realización, tiene todo, no tiene nada.
Angelina, sobre lo que dices de los maestros: totalmente de acuerdo. Cuando se va avanzando en el camino, purificando, dejando atrás el ego (pero no nos engañemos, el ego nunca se deja atrás completamente) se va uno dando cuenta de lo que ocurre con esos engreidos maestros. Un maestro no se mide por el numero de titulos que ha obtenido. Los maestros que actuan como si la etica no fuese con ellos, no pueden nunca tomarse en serio. En el zen se ha tomado como base que existiese una transmision formal, lo cual está bien, pero desgraciadamente ese sistema ha demostrado ser insuficiente en occidente. Nuestra cultura, enraizada fuertemente en el cristianismo, nos permite ver que el maestro no siempre es la persona que se situa delante subido en un podio. Para empezar, el ego de los occidentales no es igual que el de los orientales, es mucho mayor, y colocarse por encima de los demas es contraproducente. Debieramos saber que la humildad es lo mas necesario para ser un maestro. No cobrar nunca por lo que se enseña, seguir los preceptos como si nos fuese en ello la vida (porque nos va, de hecho) y aceptar que somos simples criaturas en camino a la Verdad, sin pensar jamas que somos maestros. Porque nadie es maestro si cree serlo.
ResponderSuprimirTodo esto debe tomarse como mi propia opinion, por supuesto
Recesionista, por supuesto que Google no te va a enseñar la verdad. No obstante, puede servirte para obtener informacion, lo cual es muy valioso. El aspecto de tu pregunta puede tener dos vertiente, una de información y otra de búsqueda. Para la primera, tu misma puedes valerte. Para la segunda, solo la experiencia sirve. El Mahayana y el Hinayana son solo conceptos. Yo me apegué a ellos durante muchos años, y no sirvió de nada. La compasion no es algo que puede explicarse con palabras, es la realizaciond e que yo y el otro somos uno. Pero esto que se ve un dia, se pierde al instante, y solo se puede conseguir avanzar palmo a palmo con gran esfuerzo. La iluminacion es solo una promesa, no algo que se consigue. Por eso, personalmente creo que es importante que busques ayuda personal directa de alguien que tenga algun conocimiento de zen. Los koans vendran luego (si es que vienen).
ResponderSuprimirUn saludo fraternal.
Muy de acuerdo en esta idea de que la ética y la experiencia espiritual no pueden ir separadas. La religiones son un marco muy adecuado para la experiencia espiritual, vividas con flexibilidad y humanidad, pero con compromiso serio.
ResponderSuprimirEs una pena el divorcio entre espiritualidad y religión, bien sea porque la religión rechaza la espiritualidad o bien porque la espiritualidad rechaza la religión. Integrar ambas y la laicidad es un modo muy adecuado de vivir de verdad la experiencia de iluminación hoy, se me ocurre. No creo que un maestro sea nunca un fundamentalista, pero tampoco un hombre cínico o un materialista.
Es correcto lo que escribes, desde mi punto de vista, Jose Antonio. El problema con la llegada del budismo (incluido el zen budismo) a occidente no es pequeño, y tal y como van las cosas, acabará por convertirse en un prducto mas del supermercado de la Nueva Era. Se presenta el zen (o la meditacion budista, cualquiera que sea) como un metodo para el bienestar psicologico, como si la practica de zazen fuese una técnica para alcanzar la felicidad, pero lo peor de todo es que haya maestros que llega a decir cosas mas o menos como esta: En mi templo se hace zen, pero lo que haga con mi vida privada cuando salgo de ahi es cosa mía. ¡Como si la vida privada y la practica de zen fuesen dos cosas distintas!
ResponderSuprimirSinceramente, me quedo asombrado.
Gracias Unsui, valoro mucho cada una de sus palabras
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